9 de abril de 2013

LUIS EDUARDO AUTE - Granada, 7 abril 2013.



 A día de hoy podría decir que Luis Eduardo Aute sale a escena diciendo que no quiere ser una leyenda, sino todo lo contrario, sea lo que sea eso. Declaración de principios bienintencionados, y por eso amenaza diciendo que, sintiéndolo mucho, va a cantar las once canciones del nuevo disco. Como no le ponen en la radio –dice–, ni en la tele, ni en ningún lado, pues no le queda otra. Aquí empezaba un concierto extraordinario, un aute-ntico despliegue de emoción, entrega absoluta y generosidad de el niño que miraba el mar. 
A día de hoy sólo puedo decir que antes de empezar el concierto, se ilumina la pantalla de cine y se proyecta la impactante película El niño y el Basilisco, un cortometraje de animación, dibujado a lápiz fotograma a fotograma por el propio Aute. Al terminar se escucha de fondo El niño que miraba el mar, un estremecedor Aute que se encuentra con el niño que fue. 



De pronto vi prodigios... porque yo pensaba que aquello sería un concierto, pero no... porque Aute regaló una conferencia po-ética, filosófica y musical, hilando verso a verso, palabra por palabra, latido a latido, fotograma a fotograma, con delicadeza exquisita, con franqueza extrema, con el corazón latente; y fue mezclando aleluyas con herejías, ánima y animal, amor con sexo, musas y soledades, seriedad y humor, muerte y orgasmos, todo impregnado con el ingenio genial que derrocha en poemigas y canciones. Aute no da un concierto: Sienta cátedra.

Queda la Música... A un concierto de Luis Eduardo Aute hay que ir con cuaderno de notas y lápiz para no perder detalle. Los ojos bien abiertos, aunque cerrando los ojos y abriendo los cerrojos se puede apreciar mejor el silencio... Nunca sentí un público callado en un silencio tan abrumador... todos atentos, boquiabiertos... y un poco asustados por la ‘irónica advertencia’ de “podéis cantar conmigo, pero muy bajito para que no se oiga”. Así, lo más extraño es esa repetición de escalofríos. 

¿Por qué este extraño escalofrío? Tal vez porque él recordó a John Lennon, y yo recordé a Dear Peter Gabriel; y él recordó que le dice el corazón que no es de este planeta, y recordé que temo a la madrugada, y recordó que entre morir o matar... prefiere amar, y yo recordé que es el cuerpo un lobo para el cuerpo cuando el alma está famélica. Y se hizo invisible, y nos habló del giraluna (un girasol disidente que intuía que algo tenía que pasar... y tuvo fe, y tuvo criterio propio, y salió la Luna... y pudo verla, extasiado, y la Luna, generosa, se acercó y giró para enseñarle su cara oculta, sólo al giraluna). El giraluna es la aguja en el pajar que busca todo poeta. Y entonces... ¿Por qué este extraño escalofrío? Tal vez porque se abrió de par en par para cantar Al Alba a pecho descubierto, sin instrumentos, inundando la sala de silencio, estremecimiento, admiración por una letra escalofriante, una melodía inolvidable, y una voz desgarradora, desgarrada por la luz de los años. Para mí es sin duda la canción más sobrecogedora jamás escrita, con todo lo que dice, por cómo lo dice –y lo canta– Luis Eduardo Aute, el mayor poeta vivo sobre la Tierra.


8 de marzo de 2013

Don Pascual



A veces sangro de puño y letra,
buscando para cada recuerdo, una sonrisa.

En el Centenario del nacimiento de D. Pascual Baca Balboa,
nacido en Guadix (Granada), el 8 de marzo de 1913,
Te recuerdo a ti, Maestro, porque yo soy quien soy gracias a ti, Maestro.



                Ha pasado tiempo... quince años pasan volando. Ha sido un largo camino hasta aquí, ahora. Algunos igual pensáis que la vida se hace más difícil sin él, que echáis de menos su mano ayudando a levantaros, sus consejos, su ejemplo recto, sus ojos buenos, su sonrisa abierta. Algunos, como yo, seguramente pensaréis que se fue una tarde de junio entre los olivos, pero sigue estando. Sigue estando, yo lo veo cada día en cada uno de nosotros... porque Elba tiene su sonrisa. Y contando mis recuerdos con vosotros, siempre le recuerdo a él... cuando recuerdo el lunar en el meñique de Celia, porque recuerdo haber jugado con ella en “la habitación de la punta”, entre las cortinas verdes. Le recuerdo a él cuando confundía los nombres de Virginia y Cristina, o cuando jugaba en El Pozuelo con Sergio y José Luis, y el pulpo del teatro, y la rata Juanita, y la cabra y la codorniz. Y le recuerdo en los primos Paco y Julián, amontonados en el Ford Granada que les llevaba a Cabra. Le recuerdo cuando recuerdo una Leticia enana intentando sostenerse en pie... y llegaba Bea para sostenerla; le recuerdo a él en nuestros juegos de patio, asomando mi cabeza por el muro para ver qué hacían Jaime y Alejandro, al otro lado. Le recuerdo en el empeño que pone Javi en cuanto hace. Le veo ahora mismo en todos mis cumpleaños, con seis, siete, ocho años, todos... siempre estuvo ahí, con el mismo gesto. Y sigue estando. Miguel Ángel tiene esa misma postura en pie, y muchos gestos más. María lleva su corazón grande, ¿para qué más? Macarena dice con su misma sensibilidad que “Tiene la sonrisa de un día de invierno... y tiene el corazón de hombre grande, de niño chico, de gigante”. Quiero creer que también yo llevo algo dentro... ¿Qué tendré yo?

Ahora, sigo tejiendo nuevos recuerdos con vosotros, y en todos le recuerdo a él... forjando nuevos teatros con Esther, Israel y Lourdes; comiendo las migas de Mª Nieves; y también le recuerdo cuando hablamos del carné de conducir de Pascual (el melli), porque el abuelo conducía con nosecuantos años aquel enorme Seat 1500 que ya no sé si recuerdo haber visto o haber soñado alguna vez. Y sé que también Salamo lleva algo de él, aun sin saberlo, porque seguro que sus hermanas le han contagiado algo bueno, aun sin querer.

Y la abuela Piedad, su compañera... sus ojos lo han visto todo.

Sus ojos lo han visto todo,
por eso no pueden captar apenas nada más.
Cegada por la luz de los años,
recuerda como ayer sus sueños dulces,
la sonrisa de su amor bueno,
su teatro de hace setenta años,
y conoce a cada nieto por la voz.

Cegada por la luz de los años,
intuye el movimiento
escucha cada forma
y huele todo lo que se cuece.
Cegada por la luz de los años,
se preocupa por todos,
sabe lo que quiere y lo agradece...
con un “que Dios te lo pague”.
¡Qué mayor generosidad que en tus manos?


                Y sus niños... que hoy no son mis tíos sino sus niños... Piedad, mi jefa en ese extraño animal al que llaman Teatro... pero yo me acuerdo de Cultura Viva (y no sé si estuve) y de la doble casa junto al parque, y el balcón. El parque sigue oliendo igual, lo sé. Loli, la sevillana de la Avenida de Kansas Sity, con ‘s’, que digo yo que por qué demonios me acuerdo de la Avenida de Kansas Sity, con ‘s’, al lado del Corte Inglés, si hace más de 25 años...
                A Merce la estoy viendo aquí y ahora, llamándome ‘diente mella’, y me veo deseando ya que a Daniel se le caiga un diente para decirle yo “diente mella”, y que dentro de 25 años se acuerde él también. Y el Autobianchi, claro. Mª Carmen está en la casa de la Tejuela: aquella vieja puerta azul de fuera, el olor al entrar, frío en invierno y frío en verano, las paredes y los techos altos, desconchados, el suelo con los azulejos sueltos, quebrados, y le Chat Noir y Toulouse Lautrec en la pared. Ange lleva su fuerza y la misma mirada... y mucho más. Y Pascual, su vecino, mi vecino, que también tiene la misma figura en pie, bigote incluido; el renault 5, y el 11, y el 21. Y el incombustible 850 y el kart. Y el interruptor táctil graduable (y mágico) del salón. En todos esos recuerdos está D. Pascual, claro. Y en muchos más sigue estando.

                Recuerdo su mano en mi nuca, su camisa y su rebeca, mi altura la marcaban los botones de su camisa. Su bastón, su manzanilla (que él mismo secaba): me sentaba en sus rodillas y compartía conmigo su manzanilla, cucharada a cucharada. Recuerdo las migas, la servilleta de cuadros, la pera con pan. Y el padrenuestro. Su sonrisa se fue, tal vez; su corazón lo guardamos nosotros. Él nos lo dio.
                Recuerdo... Recuerdo y olvido continuamente las cosas que él me ha dejado. Me ha dejado una parte de él, me ha dejado sus recuerdos, sus actos como ejemplos a seguir –Fray Ejemplo es el mejor predicador–, me ha dejado tantas cosas... cuántas veces nos habrá salvado desde el seno de la aurora...

Eres eterno, y yo mañana dormiré tranquilo.

Dice la Biblia que somos hijos de la ira.
Nosotros no. Nosotros somos hijos de la sonrisa de D. Pascual.




Para todos los Bacas, Eugenio de El Pozuelo.

PD: Y los Huesitos. 
PD2: D. Pascual en el homenaje de su jubilación, con 70 años. 



2 de febrero de 2013

Los líderes que nos guían


La Naturaleza la forman millones de escenarios, personajes y tramas. Algunas son bellas, crudas, curiosas, increíbles... otras son atroces. Para bien o para mal, formamos parte de la Naturaleza, incluso como seres sociales, y de todas estas escenas podemos y debemos aprender algo.

Una de las más terribles escenas de la Naturaleza es el llamado Círculo de la Muerte, y es uno de esos sucesos aparentemente inexplicables, como las ballenas varadas en orillas o los suicidios colectivos de los lemmings. En resumen, el círculo de la Muerte lo forma una colonia de hormigas, que en un momento dado todas empiezan a girar en un círculo hasta que inevitablemente van muriendo víctimas del cansancio, la inanición y, tal vez, de la locura:


El vídeo explica que las hormigas soldado que forman estos círculos son ciegas, y que se guían siguiendo el rastro químico que deja la anterior. Si en algún momento las primeras, que van dejando su rastro a las demás, se cruzan con las hormigas que las van siguiendo, pueden confundirse y pensar que éstas son las líderes. Entonces empiezan a seguirlas... y se seguirán ciegamente unas a otras (nunca mejor dicho), hasta la muerte. El vídeo añade además que las hormigas viajan a toda velocidad para llegar lo antes posible a su colonia. No imagino un infierno peor. 

El círculo de la muerte ocurre porque las hormigas líderes se desorientan y cierran el camino en un círculo que sólo desemboca en un trágico final. 

La responsabilidad de los que guían es tal, que si fracasan, no solo fracasan ellos, sino que irremediablemente hunden a los demás, aniquilando a su propia colonia. Somos seres sociales (y vulnerables), y dependemos unos de otros, por lo que si la cúspide de la pirámide, la cabeza que nos guía, está podrida o es incapaz de guiar, toda la población está perdida. 
Para que nuestra sociedad funcione, necesitamos líderes fuertes, honestos y competentes... pero a día de hoy no los hay. Aunque me consta que muchos políticos son honestos y trabajan por el bien común, tenemos muchos líderes incompetentes, usureros, chantajistas, ventajistas, egoístas y egotistas, mafiosos y corruptos. En todos los grupos políticos. Mientras no haya líderes capaces de guiarnos, debemos encontrar un camino, una salida antes de que no podamos escapar de este fatídico círculo de la muerte en el que viajamos TODOS. 

25 de enero de 2013

Seres vulnerables





                Todas las grandes e innumerables cuestiones de la vida se pueden ir agrupando y enlazando unas con otras, y otras entre sí, formando una red hasta reducirse a un puñado escaso. La muerte, el futuro, la sociedad, la fe, la esperanza, el amor, la empatía, la pasión, etc., son sólo algunos de estos temas que nos llaman, nos preocupan y nos asustan, nos impulsan, nos mueven y nos motivan, nos alientan. Creo que todos ellos pueden reducirse a tan sólo tres, con el vínculo común de la Vida: El Amor, la Muerte y el Miedo. Estos tres temas, a su vez, se interrelacionan estrechamente, de forma que el miedo a la muerte se define como el amor por la vida, y “de la muerte del amor nace el amor a la muerte”. Así, todo queda en dos grandes temas: Amor y Miedo, si consideramos que “la muerte es mentira”, ya que “mientras somos, la muerte no es”, y es el miedo lo que realmente nos provoca esa aversión a la muerte.
                El amor nos mueve. El amor envuelve nuestras vidas de una forma a veces sutil y otras veces arrolladora, unas veces descarada y otras inconsciente. El amor influye y dirige nuestras vidas a cada momento, inimaginablemente: en las relaciones familiares, sociales, profesionales y de pareja. Amar es anteponer, voluntaria e ilógicamente, los intereses de otra persona a los tuyos. Esta situación sólo se explica por la empatía y la compasión que nace del amor. Por el contrario, en muchas situaciones podemos confundir las borrosas fronteras que separan conceptos similares pero distintos: Amas. Eres. Hieres. Quieres. Requieres.
Extrañamente, ‘quieres’ y ‘requieres’ son antónimos. ‘Quieres’ (= amas) implica una unión, marcada como un impulso, que te vincula inconscientemente a otra persona... e inopinablemente te enamoras. Imposible desenamorar. Ocurre igual con el amor de pareja, que simplemente ocurre sin razón. Consideramos, por otro lado, ‘requieres’ [= solicitas; (‘requieres’ no es ‘vuelves a querer’)], y no debemos confundir estas ideas, porque en ocasiones llegamos a exigir lo que no deberíamos ni siquiera pedir. Eso nos conduce sin remedio al dolor; y el dolor, al miedo.

El miedo al dolor es a veces más peligroso y más dañino que el dolor mismo, de la misma forma que la costumbre a la desesperación es peor que la misma desesperación, o igual que una palabra puede ser “más triste que la propia tristeza”. El miedo es una razón poderosa que puede hacer tambalearse al más fuerte, y puede llevarnos a buscar el extraño placer de la insensibilidad, para evitar el dolor de que alguien nos hiera. Sentimos miedo cuando somos vulnerables, y nunca es uno más vulnerable que cuando cierra sus ojos, abre sus cerrojos, abandona la seguridad de su hermetismo y se abre de par en par. Somos en verdad seres vulnerables, y el miedo nos atenaza y nos desequilibra. Sin embargo, y hasta cierto punto, el miedo es útil, nos mantiene alerta, nos protege del dolor, nos evita dolor, pero sobrepasado ese límite invisible, el miedo puede desviarte de un camino recto, de un camino por recorrer. Debe encontrar “cada caminante su motivo”, y entonces el miedo pierde razón de ser, y desaparece.
El miedo al amor es un miedo atroz. No es cobarde ni enfermizo, sino al contrario, es quizá el único miedo valiente que exista, porque tener miedo implica una voluntad latente por vencer ese mismo miedo. Lo contrario, la rendición al miedo, es irreversible. La voluntad por querer vencer el miedo al amor produce dolor en un corazón sin equilibrio, pero es un dolor lógico y necesario, es un recorrido duro que te encamina hacia tu estado normal de equilibrio, sin ansiedades, ni rencores, ni dolor.
Ser vulnerable es el mayor regalo que una persona puede hacer, es el grado máximo de confianza, y constituye la esencia misma del amor: anteponer.
Anteponer tus necesidades a las mías.
Anteponer tu dolor al mío.
Anteponer tus miedos a los míos.
"Anteponerte al Sol, a la vida misma".

Ser vulnerable es arriesgado. Omnias Vulnerant: Todas hieren. La última, sin embargo, salva.


Kai - Septiembre  2012

3 de enero de 2013

BALANCE 2012


Enero fue blanco y limpio. Y antihistamínico desde Reyes. Mi señora se empeñó en asustarse, asustarme, pero sin miedos. No te preocupes, que Caronte no tiene prisa y ya te llevaré yo cuando tú me digas. Sus ojos lo han visto todo. Por San Antón, grandes esfuerzos, grandes sensaciones.
En Febrero tuve miedos. Acudí a la tentación, caí en ella irremediablemente. Candelarias abrían un Febrero bisiesto que dejaba huella. Ya no tuve miedo. Ni tengo.
Marzo fue de Piedad: Mujer, homenaje, merecimiento, reconocimiento. Bribones entre impulsos... un impulso que me guía, me lleva. Vuelta al Teatro... extraño animal. Yo quisiera ser poeta. Me rompí la cabeza, dos veces. Y Madrid de cielo ausente. Mil caras... y no recuerdo ninguna.
Abril, Santo > Santero > Cofradiero. Abril pasa despacio y llueve suave. Teatro, bambalinas y candilejas... qué grande animal. Emoción sin límite. Todo exceso. 
Mayo. Todo trabajo. Caperucita nace y vive mientras se gestan nuevos diálogos con la música. Trabajo. Trabajo.
Junio se fue entre olivos en el Corpus. Animal cobarde sin piedad, con Piedad. Teatro de la fuente fría... niños felices. María, otra cicatriz. Recuerdo, siempre, aquel 18J, aquel junio de abrazos infinitos.
Julio lleno de etnoseres. Sin marcapáginas. Magdalena se fue, dejó su cortijo y sus almendras blancas, las primeras. Dolor y esperanza de la mano. Lágrimas y manos tendidas. Mucha miel, mucho camino herido.
Agosto traería alegrías; diálogos, amigos, tentación, poesía y música, ¿qué más? Bálsamo del espíritu. Palacio y miel. Maktub. Mucha miel. Agosto se va como 'vino': blanco, cálido y gustoso. Hay voces en la tierra recorriendo esperanzas. Luna azul. Y miel. Yo temblaba.
Septiembre es siempre especial, pero estuvo vacío. Septiembre suele desaparecer. Y así se fue. Vino brava. Somos seres vulnerables.
Fue un Octubre cargadito de música, teatro y esfuerzos. Trajo una noche larga y rotunda. El despertar fue triste, claro. Melón fresquito.
Noviembre, sal de mis noches. Siempre breve, castaño oscuro y agradable. Paradójicamente, Fortaleza. Estaciones del silencio. Evasivas
Diciembre, siempre es cruel y suele ensañarse, pero no le reprocho nada. Corto y cegador. Lo más relevante, saber que sembrar pequeñas alegrías produce enorme felicidad. Vete, diciembre ya, y déjame la esperanza.


13 de diciembre de 2012

ETERNORETORNÓGRAFO

El día que yo sea capaz de escribir esto, me llamaré poeta.

 Eternoretornógrafo, de Luis Rogelio Nogueras (Wichy).


El joven poeta murmuró cerrando el libro de Apollinaire:
"Este sí es un poeta..."
Y Apollinaire, el soldado polaco Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky,
enterrado hasta la cintura en el fango de la trinchera cerca de Lyon,
mirando la noche estrellada del 4 de agosto de 1914,
la tierra seca, florecida de estacas y alambre de púas,
sembrada de minas esa noche de 1914,
mirando las bengalas azules, rojas, verdes en el cielo envenenado por los gases
apretó el húmedo librito de Rimbaud mientras sobre su cabeza pasaban
silbando los obuses.
Y Rimbaud, haciendo sus maletas en Charleville, echó junto a su ropa
los versos de Villon.
Y Villon, el doce veces condenado, el apócrifo, el inédito, pensó ante
el patíbulo en las tres cosas que más había amado:
su mujer Christine, su leyenda, la de él, la de Villon,
y el borroso recuerdo de unos versos que hablaban de la noche
del 711 en que Taric se apoderó de Gibraltar.

Y el sombrío poeta árabe que escribió aquellos versos la
noche del 711 apoyándose en la cimitarra
imitaba los versos que su abuelo le leía en la lejana Argel;
y el abuelo de Argel había leído a Imru-ul-Qais, al que Mahoma
consideraba el primer gran poeta árabe; lo había leído una
interminable jornada en el desierto de Sahara más húmedo ahora que entonces
en la lenta marcha de los camellos y las teas encendidas.
Y es probable que Imru-ul-Qais escribiera en la lengua de Alá
imitaciones de Horacio,
y Horacio admiraba a Virgilio,
y Virgilio aprendió en Homero,
y Homero, el ciego, repetía en hexámetros los extraños poemas
que se susurraban al oído los amantes en las estrechas calles
de Babilonia y Susa,
y en Babilonia y Susa
los poetas imitaban los versos de los hititas de Bog Haz Keui y
de la capital egipcia de Tell El Amarna,
y los poetas del 4000 a.n.e.
imitaban a los poetas del 5000 a.n.e.
hasta que el hombre de Pekín, en la húmeda caverna de Chou-Tien
viendo arder lentamente sobre las brasas el anca de un venado,
gruñó los versos que le dictaba desde el futuro
un joven poeta que murmuraba cerrando un libro de Apollinaire.

12 de noviembre de 2012

La muerte detrás, y la vida por delante.



Ayer he visto un abrazo estremecedor en el tanatorio que me ha retorcido el corazón. La muerte detrás, y la vida por delante. Un cuerpo abierto, una vida ida, y almas desconsoladas, intentando consolarse sin posibilidad de consuelo. Un abrazo con dos cuerpos en colisión, en absoluta sincronía y entrega, largo e intenso hasta el dolor, que ha resonado en todas las almas que hayan podido notarlo. Pocas, temo. Pocas habrán podido sentirlo, aun estando a unos metros de distancia, temo. Un abrazo intercambiando energías, entregando esperanzas, regalando calor y queriendo decir: Somos seres vulnerables, pero la Fortaleza está en el interior. Sólo así puede coserse un corazón roto, entregando ese abrazo que diga… hasta a morir te acompaño… tanto si resucitamos como si no, pero siempre que el cielo se vuelva nuestro esclavo; entregando ese abrazo que diga… la vida es ese cementerio de sueños por el que transcurren nuestros pasos…; entregando ese abrazo que diga… que el miedo a la muerte es el amor por la vida; y que la muerte no ocurre en quien se va, sino en quienes permanecen.
La tristeza se extiende y se desparrama inexorablemente en días así. Más aún en días grises y fríos y oscuros como este. Da igual que intentes pensar que es un bonito día, no puedes engañar a tu propia tristeza, a tu propio espíritu. Mi hermana quiere comerse con sus lágrimas toda la tristeza de M. para aliviar su corazón roto, y mis manos en su espalda intentan apagar ese fuego. Cada persona tiene su razón –mejor o peor– para estar ahí, y su propia tristeza acumulada que en días así, se desborda inopinadamente. Hay quien está por compasión, por empatía, o por compromiso. Hay quien está por poder compartir su propia tristeza con alguien más, por simplemente estar deseando una ocasión para poder charlar con alguien que le preste su oído, o por intentar aliviar unos ojos ensombrecidos. Hay quien está porque tiene que estar, hay quien está pero no quiere, hay quien quiere estar y no puede. Hay quien querría ser el fallecido… y se cambiaría por él sin dudarlo, y esto puede ser por dos razones: sacrificio o envidia; entiéndame quien pueda. Y yo… sólo quiero dar cobijo y tender mi mano a F., si es que eso sirve para algo. Unas manos, un cobijo que yo mismo he encontrado alguna vez, en días así.    
La noche ha sido larga y rotunda, claro. Pareció decir “aquí estoy yo”. Y el despertar ha sido triste, claro. Pareció decir “zúrcete esa cicatriz, si puedes”, empapado en sudor frío de fiebre, o en sudor de fiebre fría, o quién sabe qué diablos era aquello. Hoy necesitaba un abrazo mudo, y sólo tengo una guitarra sorda. No puedo imaginar cómo habrán sido la noche y el despertar para ellos, quienes ayer tuvieron la muerte detrás, y la vida por delante.


12 XI 12 - Para F.B.P. y familia.

6 de noviembre de 2012

¿Qué rompe un corazón?


Para la lectura de relatos de terror del grupo Entre Aldonzas y Alonsos... celebrando los días -y las noches- de fieles difuntos en Casablanca, nuestro templo.

LA SEÑORA 
(¿Qué rompe un corazón?)


De la muerte del amor, nace el amor a la muerte.  L. E. Aute.
 
Noche y niebla… mala combinación. Vi venir una figura a lo lejos, y yo juraría que surgió de la niebla, sin previo aviso ni invitación; en la distancia era como una hormiga negra, en una calle negra, en una noche negra; se acercaba creciente como una luna negra, interminable y fría. A media distancia, adiviné que era la típica señora vestida de negro… y empecé a divagar: Las señoras, así en general, son inofensivas; algunas incluso son simpáticas. Se diría que la mayoría son amables. (Las estadísticas aseguran que cinco de cada diez señoras son la mitad). Las señoras más peligrosas que existen son, en orden ascendente: a) Las señoras que aprietan el moflete al niño de la vecina o al nieto. El 98 % de las señoras confiesa pertenecer a este grupo. (El margen de error es del 2 % en este tipo de encuestas). b) Las señoras que empujan y embisten como jugadores de rugby para subirse al autobús Alcalá – Granada. Son un reducido pero poderoso 35 %.  Y c) Las señoras que circulan con sus paraguas abiertos a la altura de los ojos de las personas ‘normales’. Suponen un 80 %. Muchas pertenecen a los tres grupos, por lo que su peligrosidad potencial se dispara. Sin embargo, como decía, en general su peligrosidad no pasa de anécdota y son inofensivas, por eso y siendo como era una noche negra de niebla, en mis ensoñaciones mientras aquella señora se me acercaba, yo imaginaba que no estaba dispuesto a creer que fuera a barrerme del mundo una señora, por muy de negro que vistiese… La segadora de almas… la dama de negro… la señora de la guadaña… la Muerte, la llaman.
            La Muerte ha sido representada de muchas formas distintas… el esqueleto con la guadaña y el reloj de arena, la lechuza blanca, la niebla misteriosa, o esa inquietante figura que siempre habla en mayúsculas y a la que nadie discute. Esta mujer que se acercaba, por el contrario, parecía la típica señora, una dama que viste de negro guardando luto, con su peinado de señora, sus zapatos de señora y su bolso de señora a juego.
Cuando por fin nos encontramos, se detuvo junto a mí. Vi entonces que no era una ‘típica’ señora, sino una mujer joven, de belleza indiscutible, mujer de claras curvas y mirada penetrante. Y yo pensando en la Muerte… qué tonto soy… No obstante, me quise asegurar, así que la miré bien, de arriba a abajo: El esqueleto se le intuía por debajo de la piel, bien. Número de guadañas, cero; bien. Reloj, digital, sin arena; bien. Resultó ser una mujer que nunca deja de mirarte a los ojos, y parece que nunca parpadea. Corrijo: Creo que sólo parpadeó una vez. Fue un flechazo, me fulminó el corazón. Quienes hablan de las flechas de Cupido, no conocen a esta mujer.
 
Desde la noche siguiente, Ella venía a verme, siempre de noche, siempre puntual; asomaba su cara, se acercaba a mi cama sonriendo con la malicia de quien no tiene nada que perder, y me miraba… Ella sonreía, yo temblaba; y me decía que sólo quería hacerme compañía, pero yo intuía que buscaba algo más de mí. Quedábamos después largas horas en silencio, sólo mirándonos el uno al otro; deseando yo que Ella no parpadease ni una sola vez más. Pasaron los días, pasaron las noches… y un día algo pasó: amaneció (que no es poco), pero yo me sentí ensombrecido y triste por un miedo atroz e incomprensible. Aquel día las venas se me secaron, prisioneras del abismo, de la aurora, del tic-tac, pero esa es otra historia. Entre silencios, Ella me preguntaba: “¿qué rompe un corazón?”, y lo decía sin comprender, ajena y fría como una noche negra, que ella era la razón. Su voz me envolvía de una forma a veces sutil y otras veces arrolladora, unas veces descarada y otras inconsciente. Volvimos al silencio, hasta que me miró y comprendió que no debía estar allí. Se marchó. Gran coraza, el corazón.
Al día siguiente le escribí una carta; una de las de siempre, en papel. En ella le explicaba qué rompe un corazón. En ella decía que intentaré olvidarla… pero no sé cómo. Le decía que ahora que el guiño de una sombra basta para tumbarme, no existe manta ni abrigo capaz de aliviar este frío que nos hiela el corazón. Finalmente, escribí casi sin pensar:

 
El miedo al dolor es a veces más peligroso y más dañino que el dolor mismo. La rendición a ese miedo, es irreversible. Gran raza, la razón. Gran coraza, el corazón.
            Firmé. Besé la carta y la metí en un sobre. Dejé el sobre sobre la mesa y escribí su nombre con grandes letras rojas. Después me detuve un momento a contemplar las seis letras de su nombre que acababa de escribir. Fue al leer su nombre cuando decidí no enviarla.
Con los ojos cerrados, le dije adiós. Nunca me había sentido tan cerca de alguien, como de ella en el justo momento en que me partió el corazón. Yo era un corazón roto… y Ella, aquella mujer de curvilínea silueta y mirada intensa que me visitaba cada noche… Ella, ahora lo sé, era la Muerte. Cogí una cerilla y quemé la carta, sabiendo que, tarde o temprano, volveríamos a encontrarnos.

12 de octubre de 2012

Día de la Españolización



  Es curioso cómo nos llegan las historias de la Historia... De pequeños nos enseñaron en la escuela que “los moros” invadieron España en el año 711 y que nosotros, “los españoles”, no conseguimos echarles hasta 1492. Nos lo enseñan sin comillas. Nos hablan, por tanto, de la ocupación árabe de España, y que los españoles estuvimos sometidos a ellos y peleando con ellos durante ochocientos años, hasta 1492. No nos hablan tanto, aunque también, de la riqueza cultural que trajeron consigo. Entonces, ¿fueron 800 años de invasión musulmana? Rotundamente, NO. La invasión duró nueve años. Nueve. En el año 720 la conquista estaba completada.

            Por otro lado, nos enseñaron otra historia de la Historia, curiosamente parecida; nos enseñaron que Cristóbal Colón llegó, vio y descubrió América, en un acto de fe divina, providencia real, suerte y valentía sin igual en la Historia de España... aunque... bueno... Colón era genovés. Y allá que ‘fuimos’ los españolitos, carpetovetónicos todos, a colonizar, a alfabetizar a los pobres indígenas, a evangelizarlos a todos. No nos hablan tanto de que cuando les llevamos los evangelios... “se los clavamos en las sienes”. Nos enmascaran el traslado –quiero decir expolio– de toneladas de oro que los conquistadores españoles extrajeron y trajeron desde América hasta España, con mano de obra indígena esclavizada, claro. Nos ocultan que los indígenas que se resistieron o se sublevaron fueron asesinados por los ejércitos de la Corona, que actuaban “en nombre de Dios”, capitaneados por los famosos y valientes conquistadores. Por poner un ejemplo, se nos dice que el famoso conquistador Hernán Cortés derrotó a los Mayas, y a los Aztecas. No se nos dice que su ejército masacró en cinco horas a 5000 habitantes de la ciudad de Cholula. Permanecieron allí dos meses y antes de marcharse incendiaron la ciudad. Posteriormente, Cortés trasladó sus famosas “naves barrenadas” y sitió a los aztecas durante meses, y el pueblo azteca casi acaba exterminado. Lo que yo recuerdo de la enseñanza educativa que me inculcaron en las sienes es el encuentro de Hernán Cortés con Moctezuma, quien tomó a Cortés como un semidiós y le colmó de oro y regalos. Nunca se nos dijo que muchos conquistadores resultaron ser unos invasores ambiciosos y violentos, ni que las torturas eran frecuentes. A pesar de ser considerado “rebelde”, la Corona española recompensó a Cortés con varios títulos, entre ellos el de Capitán General y Gobernador de Nueva España.

            Pero claro... a estos episodios nos referimos como la “ocupación” árabe, la “invasión” de los moros... en contraposición a la “colonización” de América, o el “descubrimiento” del nuevo mundo... curiosos eufemismos.



La Historia la dicta quien la escribe. La Historia hay que contarla como Historia, no como opinión, y mucho menos como conveniencia, o como arma política, religiosa o ideológica. Imagina cómo sería Abderramán III. Seguro que la imagen mental que tienes de él es la del estereotipo arabesco, de piel oscura, ojos negros y nariz afilada. Sacando más punta, con cara de malo (En una palabra... seguro que tienes en mente a Jafar, el malo de Aladdín). Seguro que nunca te dijeron que Abderramán III era rubio y tenía los ojos azules. Abd al-Rahmán, que así se llamaba, tenía ascendientes europeos. Después de siglos en la península, los pueblos árabes (y bereberes, y judíos, y romanos...) se habían fusionado social, cultural y biológicamente con los habitantes españoles patrios y “puros”... que, para más inri, por el siglo octavo eran en su mayoría... ¡visigodos! El territorio lo poblaban los habitantes que quedaron después de la Hispania Romana, de los pueblos iberos, de los celtas (en el norte) y los Reinos Visigodos. Y convivieron durante siglos con los moriscos, mozárabes, muladíes y judíos (mejor o peor integrados; con las diferencias lógicas). Abderramán I se casó con una esclava visigoda convertida al islamismo. Su nieto tenía el pelo “de color trigueño” según los escritos; y su ejército lo formaban árabes, bereberes, yemeníes, sirios y soldados cristianos (eslavos, francos e hispanos). La leyenda dice que todas las palmeras de la península proceden de una palmera que el mismo Abderramán I plantó en Córdoba. Pasaron generaciones hasta que llegó al poder Abderramán III, cuya abuela era la hija del Rey de Navarra, de raíces francas). Y sí, tenía los ojos azules y el pelo de color “rojizo claro”. Eso sí, eso no quita que el Califa fuese un jefe cruel y sanguinario, que lo fue, y bajo su califato comenzó la reconquista por parte del Reino Astur-leonés.

A la antigua Hispania romana, dividida en dos reinos visigodos por el año 711, llegaron 8000 africanos (árabes y bereberes, principalmente). Trajeron guerra y muerte, sí, duras batallas, pero una vez asentados dieron vida a uno de los centros más relevantes del mundo, Al Andalus, en cuyo territorio florecieron Córdoba, Medina Azahara, Medina Sidonia, Gades, y también nuestra Qalat ben Zayd. Se implantaron sistemas hidráulicos innovadores, acequias, sistemas de cultivo; hubo impresionantes avances en medicina,­­­­ matemáticas, filosofía, poesía... y preservaron para Occidente el conocimiento de Aristóteles en sus bibliotecas. En nuestro idioma actual mantenemos una herencia de 4000 palabras de origen árabe. Por su lado, la Reina Isabel la Católica (bien conocida por su falta de higiene) se refería a los cientos de baños árabes y saunas construidos diciendo: “¿para qué quieren tantos baños?”. Como dato adicional, una vez completada la conquista, la calidad y la esperanza de vida comenzó a descender desde el S. XIV hasta el S. XVIII, por los niveles de insalubridad, falta de higiene y las epidemias que esto conllevó.


Mientras tanto, en América nos dedicamos a llevarles un dios que no habían pedido y, a cambio, les expoliamos sus riquezas, igual que el imperio británico hizo en Egipto o Grecia ‘por el bien del patrimonio’. Exhibían en España arte precolombino, oro y plata, mientras los soldados mataban, esclavizaban, violaban y torturaban a placer. Estas riquezas, de hecho, eran cedidas a la Iglesia para su administración.

 En Qalat ben Zayd (tierra habitada desde el Neolítico), llamada después Alcalá la Real tras la llegada del rey Alfonso XI, los árabes dominaron la fortaleza hasta el año 1341, cuando el asedio castellano culminó en la rendición y posterior liberación de la población árabe, que marchó hacia Granada, ciudad que se rindió 150 años después. Es extraño por tanto, que después de dos mil años de convivencia entre pueblos y culturas que han habitado el territorio peninsular, sigamos considerando “lo nuestro” como lo bueno y lo puramente “español”, y lo demás sea lo “extraño”, extranjero, diferente y ajeno, cuando estoy seguro de que por nuestras venas corre sangre visigoda, romana, ibera y árabe, como corría por las venas del mismísimo Abd al-Rahmán III. 


 
Versión estremecedora de Cortez the killer, 
por Grace Potter, Joe Satriani... Puro éxtasis musical.